Tuesday, June 02, 2026

La Universidad de Chile

 Javiera Rodriguez, una diputada agredida durante una visita a la U. de Chile. Parto por señalar que aquella no me genera la más mínima simpatía y menos el partido en que milita. Si vamos a hablar de autocrítica, tal como se la ha pedido a Rodriguez, a la Universidad de Chile le toca la mayor de las responsabilidades. Un lugar donde se argumenta que la universidad debe estar abierta para todos y se hostiliza a una diputada.

Una casa de estudios donde se hacen declaraciones ruidosas en favor de la inclusión y, al mismo tiempo, se han albergado burócratas discriminadores y académicos reñidos con la ética.

Una universidad donde siempre hay palabras para criticar a las privadas, pero donde sus procesos internos suelen estar lejos de la perfección.

Una institución que se propone encarar los problemas del país y termina hablando de sus propios problemas internos.

Y un lugar donde algunos estudiantes y egresados le restan validez al testimonio de Rodríguez; igual como la derecha social y política le restaba veracidad a los desaparecidos, a los casos de pedofilia y al testimonio de los afectados.



¿Inteligencia emocional? Mejor una razonable inteligencia ética

Uno de mis amigos vive en Finlandia. Hace unos años atrás compartió su experiencia con el dentista en esas latitudes. El palpalenguas lo revisó, le dio algunas orientaciones y finalmente le dijo:


-Puede irse, Ud. está bien. Venga a verme en un tiempo más.-


Mi amigo es médico de profesión y quedó sorprendido porque cada vez que visitó al odontólogo en Chile siempre salió con un presupuesto. Una fácil explicación se puede fundamentar en el carácter "estatal" de la salud en dicho país medio escandinavo, medio báltico: el dentista ahí no tiene incentivos para perfeccionar su trabajo o debe priorizar a los pacientes con entuertos mayores que los de mi amigo. No obstante, comparar los indicadores de salud bucal de Chile con Finlandia constituye un ejercicio cuyo resultado ya podemos imaginarnos.


¿Cómo saber si en otras ramas de la salud no existen situaciones que también dan qué pensar? Para un terapeuta la relación de largo plazo con sus pacientes/clientes puede ser el mejor de los negocios y es muy fácil explotar dicha relación en aquellos dominios donde demostrar la sanación depende de la apreciación subjetiva, intuitiva e incluso estética. Un resfriado es un resfriado bajo estándares de objetividad demostrable, pero ¿dónde ponemos los límites que distinguen el "sinsentido de la vida" respecto un desenvolvimiento psicológicamente sano?


El psicologismo es un excelente negocio en un mundo donde, parafraseando al padre Hurtado, "damos por empatía lo que debiésemos dar por ética" o bien, donde la distinción entre lo bueno y lo malo cada vez depende más del agrado a flor de piel. Es también una atmósfera donde los defensores de libre mercado hacen creer que no hay deficiencias sistémicas por corregir, que todas las insuficiencias se "privatizan" a nivel del individuo y que pedir cambios estructurales es una pérdida de tiempo, cuando podemos
 aprovechar las oportunidades del mercado. Para eso está el enfoque del emprendimiento y las recetas del éxito suenan útiles y seductoras. Los libros de autoayuda y los psicologismos son como instrumentos e intérpretes de una música de fondo. Una disonancia donde no importa deformar los conceptos con tal de mantener el buen negocio de libros, audios, terapias interesantes y todo lo que ese colorido mercado dispone para que los consumidores gasten su dinero en un rubro donde lo mejor que podría pasar es que nunca sanen de sus dolencias ni que arriben a una verdad concluyente porque, de hacerlo, dejarían de consumir.


En el mundo de la seriedad, la psicología nos llega envuelta con la seguridad de la certeza científica frente a la sempiterna necesidad del individuo por conocerse a sí mismo. Queremos certezas psicológicas versátiles y con valor utilitario para enfrentar todas las aristas del mundo, desde cómo sobrellevar una entrevista de trabajo hasta cómo dormir en una cama de doble plaza sin generar conflictos con la pareja.

 

Por su parte, la Filosofía no es otra cosa que el orden con que pauteamos nuestros pensamientos para comprender el conjunto de cuánto nos rodea. Como disciplina parece cada vez más enclaustrada en su mundo académico, donde los especialistas se dedican más a estrujar las ideas de los filósofos sepultados que a proveer al hombre corriente con herramientas que le permitan enfrentar el mundo. El lenguaje filosófico parece demasiado abstruso, los escolares escasamente llegan a él y los apoderados cuestionan la utilidad de la Filosofía más allá de mejorar las notas de enseñanza media. Ahí es donde el psicologismo ha hecho su entrada paulatina, silenciosa y determinante, igual como las iglesias evangélicas avanzaron ante el retroceso de un catolicismo que rota alrededor de sus propias preguntas y contingencias internas.


Dentro de este panorama, la idea de una "inteligencia emocional" es una de las pancartas que campea con más facilidad y sin contrapeso desafiante, al igual que las referencias simplistas a la empatía. Por cierto que la psicología nos ofrece información válida sobre un importante segmento de nuestra realidad. Nadie puede pretender que deba existir una guerra entre aquella y la Filosofía moral. Lo que se desea es un diálogo razonado entre ambas y no un irreflexivo reemplazo de la segunda por la primera. La pérdida del sentido crítico es inversamente proporcional al deseo por aferrarse afectivamente a verdades simples de entender y que reflejen seguridades reales en el vivir. De ahí la vehemencia y, a veces, franca tontería con que gran parte de nuestras capas más humildes se aferran a los enfoques monocromáticos y compactos de un Bolsonaro o de un Kast. Pero este retroceso del sentido crítico inversamente proporcional a la inflación de las emociones y sensibilidades cutáneas no es sólo de los más humildes ni de los más a la derecha. Cuántas veces en los climas laborales hemos escuchado a competentes profesionales declamar alaridos del tipo "me molesta tu falta de empatía". Desde cuándo la molestia individual es un principio de ética. "Es que puso la música muy fuerte y está invadiendo el espacio de todos". En ese caso, el argumento no debería ser tu importantísima molestia a flor de piel, sino el respeto, que si constituye un principio de ética.


¿Y la empatía? Es evidente que el mundo está lleno de sinvergüenzas que derrochan empatía mientras que personas muy poco "empáticas" caminan entre nosotros cultivando una intachable moral. Estas son observaciones demasiado obvias para el ojo de cualquier persona con mediano sentido crítico, pero que, en nuestra cultura, aparecen como descubrimientos copernicanos para una gran masa drogada con el vapor psicologista. Cualquier observador ajeno a esta nube inhalará las monsergas sobre la empatía igual como el que no fuma entrando a una habitación donde todos tienen un cigarro en la mano. La apoteosis de la estupidez es alcanzada cuando los padres aprueban a un hijo que deja de saludar a otro niño "porque es pesado y poco empático". ¿Es que acaso el agrado personal importa más que los modales y la consideración entre las personas?


Donde podemos establecer distinciones finas, puede también expandirse una fuerza que presiona hacia la homogeneidad. Términos matizados y de buen gusto como "sensatez", "madurez", "discernimiento", "prudencia" o "autocontrol", podemos embolsarlos bajo la manta monocromática de la "inteligencia emocional". Del mismo modo en que vocablos como "amabilidad", "cortesía", "consideración", "nobleza", "gentileza" o "caballerosidad" pueden ser engullidos por el uso abusivo, recurrente y simplificador del término “empatía”, empobreciendo más aún el pensamiento y vocabulario de quienes viven con un dedo pegado al celular.


Bajo la maraña comunicacional y los lugares comunes subsiste la posibilidad de combinar el uso de la lógica con principios o valores planteados desde la ética. Unir la capacidad de pensar con principios morales para luego actuar o juzgar situaciones es algo que se ha hecho siempre y que permite limpiar de sensorialidad irreflexiva nuestra distinción de lo correcto respecto lo incorrecto. Si lo llevamos a un lenguaje comprensible para cualquiera de los ciudadanos de a pie, podemos plantear la necesidad de una inteligencia ética, entendida como una discernida unión solidaria entre el conjunto de estándares éticos o morales y la capacidad de elaborar razones que sean comunicables.


Por cierto, que esto en nada significa algo que estuviese fuera de la inventiva desplegada por el pensador de Königsberg, quien invitaba actuar conforme a leyes morales establecidas y comprendidas desde La Razón; una facultad humana que fuera la gran prioridad del pensamiento ilustrado, temporalmente cada vez más lejano a nuestro eterno presente.


Quizás, y en virtud del conocimiento que hoy poseemos, difícilmente podamos visualizar la existencia de una "Razón" como entelequia existente al interior de cada individuo y, menos, una "Razón Universal" que use a los individuos como instrumentos para desplegarse a sí misma constituyendo la Historia. No obstante, podemos asumir que la lógica es una capacidad tan al alcance de toda persona como los principios y valores morales. También podemos ofrecer alguna reflexión sobre la razón. Desde el latín, el vocablo "ratio" dio origen a la medida, a la "ración", al cálculo de acciones que generan utilidad e, incluso, a la fría conducción "racional" de procesos que generarán beneficios. Con otros tintes, el "logos" de los griegos fue más bien la palabra razonada, convincente y bien fundamentada, que no desconoce la utilidad económica pero que posee su centro de gravedad en algo que aún puede considerarse específicamente humano: el relato comunicado.


Abundan las reflexiones y comentarios eruditos sobre las especificidades o bien diferencias entre la concepción latina y la helena. Quizás, en esos matices pueda verse la causa última para explicar por qué el Imperio fue romano y no griego; así como también entender por qué los romanos se dejaban inspirar por la tradición griega cuando había que elaborar alguna narrativa convincente. De cara al contexto que nos convoca puede rescatarse la distinción entre lo "racional" y lo "razonable". Cuando invertimos diez y queremos obtener veinte, somos racionales. En cambio, somos razonables, cuando buscamos convencer sobre la base de argumentos sin desconocer los sentimientos o bien las vivencias de quien nos escucha.


Las preocupaciones de un filósofo, incluso los más canónicos, no se hallan muy lejos de las que concierne a cualquiera de los viandantes. Distinguir lo "bueno" de lo "malo" sigue siendo preocupación cotidiana, y al alcance de todos, para orientar la conducta individual y lo que deba considerarse aceptable dentro de un orden socio-político.

 

Un concepto de inteligencia ética planteado estrictamente desde la filosofía moral y definido parsimoniosamente como una unión solidaria entre una razón "razonable" y la moralidad que cada familia entrega a sus hijos, permite alcanzar lo justo sin desconocer lo sentimental, facilitando la confluencia entre las facultades del intelecto y los restantes elementos del soporte psicológico de las acciones socialmente contextualizadas. Ubicada en las antípodas de una inteligencia emocional rentablemente situada en la atmósfera neoliberal, la inteligencia ética puede ser una vía para juzgar y denunciar las inequidades estructurales, alentando cambios reales en nuestra casa común e, incluso, contribuyendo a que los hijos de nuestro tiempo puedan dirigir su mirada hacia la riquísima tradición filosófica occidental.




Sunday, May 31, 2026

Día del Patrimonio.

 Hoy es el día del Patrimonio. Según nuestra tradición, se celebra el último domingo del mes de mayo. Me tocó participar casi desde el principio, cuando se asomaba el siglo XXI. Siendo yo estudiante de una carrera en ese entonces casi desconocida, recibí el peto del C.M.N., caminé por un Santiago lluvioso y guié a los visitantes por los patios de un querido convento colonial, compartiéndoles un mínimo de nuestra Historia.

El patrimonio cultural es el conjunto de los bienes heredados y significativos para una comunidad humana. “Heredado” porque incluye elementos legados desde el pasado y “significativo” porque son elementos que representan un valor para las comunidades. Ya sea a nivel doméstico, como las fotografías, o a nivel nacional, como el 18 de septiembre. Se discute si son “los patrimonios” o “el” patrimonio. Podemos hablar de “el patrimonio” en singular sin temor a equivocarnos y sin desconocer la diversidad. Porque los elementos que constituyen patrimonio cultural poseen algunos rasgos en común, sin los cuales dejarían de ser patrimonio; del mismo modo en que podemos hablar de “la humanidad” sin desconocer la diversidad cultural.

Las prácticas sociales deben obedecer a alguna pauta con la que podemos tratarnos y comunicarnos de manera coherente; de lo contrario, no existirían las sociedades. Pero las sociedades existen y el conocimiento que acumulan va generando contenidos que se ubican en la memoria y que nos permiten vincular el presente con el pasado de manera coherente. Hay aspectos que vamos valorando más que otros a medida que las pautas sociales  van respondiendo a las necesidades del presente y, a su vez, generando nuevas pautas. En eso consiste la Historia. Vale decir, narramos nuestra paso por el tiempo sobre la base de aquellos elementos significativos para entender el presente. Algunos de esos “elementos” representan un valor afectivo o comprensivo, no necesariamente  monetario. Una vivienda puede carecer de valor utilitario pero puede ser la casa donde nació Gabriela Mistral, por ejemplo. Otros agregan conocimiento, otros son únicos en su tipo, otros nos recuerdan un hecho determinante y así sucesivamente.

El patrimonio cultural es una invitación a la memoria, a revisar lo que valemos, a darnos cuenta que las cosas “elevadas” no tienen por qué ser aburridas, que los espectáculos de calidad son a nuestro alcance y que la cultura es inevitable para todo ser humano. Es una invitación para todos a valorarnos mirándonos en el mejor de los espejos; ese espejo que constituye lo más precisamente humano y de lo que carecen las otras especies: relatar nuestro pasado, distinguir lo significativo y enderezar hacia el futuro. Feliz Día del Patrimonio.

Sunday, February 15, 2026

Biblia y política.

 Querida gente humilde, te sonará muy duro, pero deseo que lo sepas:

Puedes creer que la Biblia tiene todas las respuestas y puedes también creer que con las recetas de emprendimiento, liderazgo, empatía e inteligencia emocional tienes lo suficiente para enfrentar cualquier cosa. Lo tuyo no es cristianismo, lo tuyo es "biblismo". Y con esa combinación entre biblismo y herramientas de moda puedes pensar que estás apoyando buenas opciones para conducir el mundo e, incluso, que eres capaz de analizar cosas tan disímiles como la última pandemia o la guerra en Ucrania, aunque a Ucrania apenas seas capaz de ubicarla en un mapa. Pero la verdad es otra: a los que realmente lideran el mundo y que se benefician de tu convencido apoyo les enseñaron "secretos que a ti no". Lo más probable es que nunca seas uno de ellos, sino solo el cliente humilde con tarjeta de crédito y con alguna dificultad para llegar a fin de mes.